Prolactinomas

Un prolactinoma es un tumor benigno de la glándula pituitaria que produce cantidades excesivas de la hormona prolactina. Es una condición que responde bien a los medicamentos y en la mayoría de los casos la cirugía es evitable.


¿Qué es un prolactinoma?

Un prolactinoma es un tumor benigno de la glándula pituitaria que produce cantidades excesivas de la hormona prolactina, la cual es secretada por dicha glándula y tiene muchas funciones en el cuerpo, incluyendo el control de la producción de leche y la regulación de la función del sistema reproductivo.

Cabe mencionar que la glándula pituitaria es la “glándula maestra”, que produce varias hormonas capaces de controlar la función de otras glándulas en el organismo. Está situada en una cavidad ósea, en la base del cráneo, debajo del cerebro.

Ahora bien, de acuerdo a su tamaño, un prolactinoma puede ser un microprolactinoma, menor de 1 cm de diámetro, o una macroprolactinoma, mayor que 1 cm de diámetro.

¿Por qué surgen los prolactinomas?

Un prolactinoma se produce cuando las células que son responsables de la producción de la hormona prolactina, conocidas como células lactotróficas, comienzan a multiplicarse sin razón aparente. Esto puede conducir al desarrollo de un crecimiento de tamaño variable dentro de la glándula pituitaria, la mayoría de los prolactinomas son menores de 1 cm. El aumento en el número de células productoras de prolactina conduce a una producción excesiva de dicha hormona, lo que a su vez provoca la presencia de altos niveles en la sangre.

¿Cuáles son los síntomas de un prolactinoma?

Los síntomas de un prolactinoma se refieren a los niveles altos de prolactina en la sangre. Con menor frecuencia, los prolactinomas grandes pueden causar la compresión de estructuras vecinas, por ejemplo, los nervios visuales.


Los signos de altos niveles de prolactina incluyen la descarga de leche de las mamas (galactorrea) y sensibilidad en los senos. Esto es más común en mujeres que en hombres. El desequilibrio en la cantidad de prolactina en sangre también puede afectar la función de los ovarios o los testículos, al interferir con las hormonas que controlan estas glándulas. En las mujeres, esto puede conducir a irregularidades (oligomenorrea) o incluso una interrupción completa de los períodos menstruales (amenorrea), la reducción de la fertilidad y de síntomas de la menopausia, como los sofocos.

En los hombres, el exceso de prolactina puede causar pérdida o disminución del deseo sexual, bajos niveles de energía, dificultades para obtener una erección y la reducción de la fertilidad. Si esta interferencia en la función de los ovarios o los testículos no se trata, también puede conducir a la osteoporosis.

La mayoría de los prolactinomas son pequeños, o sea, microprolactinomas, por lo que la propia masa del tumor generalmente no causa síntomas específicos. Los prolactinomas grandes o macroprolactinomas pueden causar la compresión de la glándula pituitaria normal, afectando la liberación de otras hormonas hipofisarias. Además pueden estar asociados con la deficiencia visual por la compresión de los nervios de los ojos.

¿Qué tan comunes son prolactinomas?

Los prolactinomas son la forma más común de tumores de la glándula pituitaria, asociados con el exceso de producción de hormonas. Aproximadamente una de cada 10.000 personas tienen un prolactinoma. Puede ocurrir en ambos sexos y a cualquier edad, pero es más común en mujeres entre 20 y 50 años. Los microprolactinomas son mucho más comunes que los macroprolactinomas.

¿Los prolactinomas se heredan?

No hay evidencia de herencia en la gran mayoría de los casos de prolactinoma. En raras ocasiones, los prolactinomas pueden ocurrir como parte de una afección denominada neoplasia endocrina múltiple tipo 1, que sí puede ser hereditaria. Un estudio relaizado ha encontrado otro gen en familias en las que varios individuos han desarrollado la hormona del crecimiento y / o tumores hipofisarios secretores de prolactina.

¿Cómo se diagnostica un prolactinoma?

Si un médico sospecha que los síntomas del paciente se relacionan con un alto nivel de prolactina, la primera prueba que se realiza es un análisis de sangre para comprobar el nivel de prolactina, ya que  los tumores más grandes tienden a hacer que los niveles de prolactina sean elevados. Si los niveles son altos, se toma una prueba de sangre como repetición para volver a comprobar el nivel de prolactina. También puede ser necesario realizar pruebas, de manera ambulatoria, para analizar los niveles de otras hormonas producidas por la hipófisis.

Si los análisis de sangre muestran que es probable la presencia de un prolactinoma, se puede diagnosticar observando la glándula pituitaria en una imagen de resonancia magnética (RM) o tomografía computarizada (TC).

Además el personal médico puede solicitar un examen de la vista para determinar el campo de visión, si se sospecha que el prolactinoma está presionando los nervios de los ojos.

¿Cómo se trata un prolactinoma?

Un prolactinoma requiere tratamiento si está causando síntomas relacionados con altos niveles de prolactina en sangre o debido a su tamaño. El objetivo de cualquier tratamiento es normalizar los niveles de prolactina en el torrente sanguíneo y reducir el tamaño de tumores grandes.

La mayoría de los prolactinomas responden bien al tratamiento con medicamentos en forma de pastillas. Este tratamiento es muy eficaz en la normalización de los niveles de prolactina y reducción del tamaño. Ocasionalmente, es necesario practicar una cirugía o la radiación, si el prolactinoma no responde a la medicación o si el paciente no puede tolerarla.

El medicamento utilizado para tratar los prolactinomas pertenece a un grupo llamado agonistas dopaminérgicos. Existen varios tipos de este medicamento que se pueden prescribir y adaptar para satisfacer las necesidades del paciente. La más utilizada es la cabergolina debido a su eficacia y al hecho de que la mayoría de los pacientes pueden utilizarlo sin sufrir demasiados efectos nocivos, ya que se toma una o dos veces por semana.

Otros medicamentos similares incluyen la quinagolida o bromocriptina. La bromocriptina se toma dos o tres veces al día, la quinagolida se toma una vez por día.

¿El tratamiento presenta efectos secundarios?

La mayoría de los pacientes son monitoreados cuidadosamente cuando comienzan a tomar la medicación, para asegurar que la dosis suministrada es correcta. Los efectos secundarios de los agonistas dopaminérgicos pueden incluir náuseas, vómitos, pérdida de apetito, mareos y somnolencia. Estos son particularmente notables con la bromocriptina, que necesita ser aumentada en dosis gradualmente.

Debido a ciertos informes sobre engrosamiento de la válvula cardíaca en pacientes con enfermedad de Parkinson que toman grandes dosis de cabergolina, ahora se recomienda realizar una ecografía del corazón (ecocardiograma) antes de iniciar el tratamiento con agonistas de la dopamina y, posteriormente, debe hacerse de manera regular. Es importante tener en cuenta que las dosis de cabergolina que se utiliza para la enfermedad de Parkinson son mucho más altas que las utilizadas para el tratamiento de los prolactinomas. No hay ninguna evidencia para apoyar la presencia de complicaciones con las válvulas del corazón cuando la cabergolina se administra en dosis bajas.

¿Cuáles son las consecuencias a largo plazo de tener un prolactinoma?

El pronóstico para los pacientes con prolactinomas suele ser alentador, ya que la mayoría responden bien a la medicación. No obstante, estas personas requieren un seguimiento regular con su médico o endocrinólogo. A medida que el nivel de prolactina vuelve a la normalidad, la función de los ovarios y los testículos se reanuda, incluyendo la recuperación de la fertilidad y desaparición de todos los síntomas relacionados.

Si se desea tener hijos, el médico puede recomendar que se suspenda el tratamiento de la pastilla “agonista de la dopamina” antes de intentar la concepción, o una vez que se ha confirmado el embarazo. La frecuencia del seguimiento durante el embarazo dependerá del tamaño del prolactinoma en cuestión.

A largo plazo, una proporción de los prolactinomas comienza a desaparecer, permitiendo que el tratamiento sea suspendido, por lo general después de dos o más años, aunque se debe mantener un monitoreo cuidadoso por si reaparecen.

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